Producir alimentos orgánicos cuida al ambiente y a los agricultores. Ahora descubre si consumirlos también puede ayudar a mantener tu cuerpo saludable.

Por Leo Peralta

Cuando un platillo llega a tu mesa, lo que tienes frente a ti es el resultado de una enorme y compleja cadena de producción y distribución de alimentos. Esta puede extenderse por cientos y hasta miles de kilómetros, involucrando el uso intensivo de recursos como agua y energía.

Si bien este tipo de agricultura ha hecho posible que millones de personas accedan a comida de calidad a precios competitivos, también implica un alto costo ambiental: se estima que tan solo en Estados Unidos alrededor de 20% de los combustibles fósiles (gas y derivados del petróleo), se utilizan para la producción y distribución de alimentos.

En 1940, el estudioso británico Walter James señaló en su libro Look to the Land, que procedimientos de producción alimenticio que alterasen el balance de nutrientes en el suelo o que reemplazaran ecosistemas con grandes extensiones de un solo cultivo generaban numerosos problemas ecológicos y sociales. Así que propuso el término agricultura orgánica, donde la granja sea considerada un organismo vivo en equilibrio entre las necesidades humanas y el ecosistema en el que se encuentra

Por su parte, en 1962, la científica y autora estadounidense Rachel Carson publicó su libro Primavera silenciosa, donde denunció el uso de pesticidas como fuente de graves daños a la vida silvestre y los humanos residentes en las zonas de cultivo. En respuesta, aparecieron agricultores que preferían cultivar sus productos sin fertilizantes sintéticos o pesticidas. Con el tiempo, el término de alimentos orgánicos incluyó animales criados sin la intervención de sustancias, como hormonas del crecimiento o antibióticos.

Características de los alimentos orgánicos

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) define a los productos alimenticios orgánicos como aquellos “vegetales, animales o derivados, que se cultivan o crían con sustancias naturales sin utilizar plaguicidas ni fertilizantes artificiales, entre otros químicos”.

Mientras que la FAO, agencia de las Naciones Unidas encargada de analizar y revisar las prácticas de producción de alimentos en todo el mundo, señala que son el resultado de “un sistema holístico de manejo agrícola que evita el uso de fertilizantes sintéticos y pesticidas, minimiza la contaminación del aire, el suelo y el agua, optimizando la salud y la productividad de las comunidades de vida, plantas, animales y seres humanos”.

Esencialmente, los alimentos orgánicos son aquellos que no usan químicos que alteran la naturaleza de los ecosistemas donde se cultivan. Pero también es importante agregar que no dañan ni vulneran a los humanos encargados de cultivarlos y cosecharlos.

Beneficios de los alimentos orgánicos

Uno de los aspectos más publicitados acerca de los alimentos orgánicos está en afirmaciones sobre beneficios a la salud con respecto de aquellos cultivados en forma industrial.

Algunos estudios científicos reconocen que los alimentos orgánicos no llevan al cuerpo humano sustancias potencialmente peligrosas como pesticidas, metales pesados, hormonas o antibióticos e incluso, es posible que tengan mayores concentraciones de nutrientes benéficos como los ácidos grasos omega-3. Sin embargo, estos y otros beneficios nutricionales deberán ser validados con posteriores análisis, en tanto no queda claro si están relacionados con la naturaleza de su cultivo o por factores distintos. Por lo que, si quieres consumir alimentos producidos con técnicas que armonicen tu apetito con el entorno y promuevan relaciones justas entre los productores y los consumidores, los alimentos orgánicos son la respuesta. ¿Y tú, compras alimentos orgánicos? Comparte tu experiencia en la sección de comentarios.